
17 Jul Articulo de opinión: El colapso de los Juzgados y medidas para paliarlo.
Es una percepción ampliamente extendida que la Justicia funciona lenta, incluso para aquellos que no tienen contacto habitual con el ámbito jurídico. Y no están equivocados.
En Navarro Llima Abogados convivimos a diario con las consecuencias del colapso que experimentan los juzgados y tribunales, y de la elevada carga de trabajo que soportan.
Esta situación nos obliga a diseñar estrategias que permitan reducir, en la medida de lo posible, el impacto que los retrasos judiciales pueden tener sobre nuestros clientes y a buscar soluciones que protejan eficazmente sus intereses.
La reforma de 2025 y la negociación previa obligatoria
En 2025, entró en vigor una nueva Ley, que tenía la finalidad, entre otras, de mejorar la eficiencia del sistema. Una de sus principales novedades fue que introdujo de forma obligatoria en la gran mayoría de procedimientos la necesidad de negociar previamente con la parte contraria antes de interponer una demanda.
La finalidad de esta medida era razonable: fomentar que las partes alcanzaran acuerdos fuera de los tribunales, reducir el número de nuevos procedimientos y, con ello, contribuir a descongestionar el sistema judicial.
Los procedimientos no se evitan: simplemente se aplazan
Pero, más que evitarse la entrada de nuevos procedimientos, simplemente se han aplazado.
A finales de 2025, según distintas fuentes que se basan en un informe del CGPJ, 4,67 millones de asuntos seguían pendientes en los Tribunales, un 3,4% más que un año antes.
Y no solo eso, sino que a ello se añadieron dificultades propias de la implantación de un nuevo sistema. Durante este primer año, la falta de criterios unificadores en la materia conllevó una gran incertidumbre jurídica al no comprender los requisitos necesarios para considerar correctamente cumplido el intento de negociación previa. Además, a ello debía sumarse que, en la práctica, actuaciones que podían ser admitidas por un órgano judicial podían ser valoradas de manera diferente por otro, lo que incrementaba la inseguridad jurídica.
Con todo ello, pese a las reformas introducidas, cerca de 5 millones de asuntos continuaban pendientes de resolución al finalizar 2025. La magnitud de esta cifra demuestra que el problema no puede solucionarse únicamente mediante la incorporación de nuevos requisitos previos al proceso, sino que exige una respuesta más amplia, acompañada de medios personales, materiales y organizativos suficientes; soluciones creativas que se centren en lo importante: resolver rápidamente el problema de quien lo sufre.
El verdadero riesgo: renunciar a acudir a los tribunales
La consecuencia más preocupante de esta situación no es únicamente que una sentencia tarde más en llegar, sino que el verdadero riesgo es que quien necesita acudir a los tribunales termine renunciando a hacerlo porque el tiempo, el coste y la complejidad del procedimiento convierten la reclamación en un problema añadido.
En este orden de cosas, cuando los procedimientos se prolongan excesivamente y el acceso a la jurisdicción se vuelve cada vez más complejo, los juzgados corren el riesgo de alejarse de la función que deberían cumplir: ofrecer a los ciudadanos una vía eficaz para resolver sus conflictos y obtener una respuesta jurídica en un plazo razonable.
Cómo trabajamos frente a los retrasos judiciales
Ahora bien, ante esta realidad, desde Navarro Llima Abogados trabajamos diseñando estrategias que permitan evitar, en la medida de lo posible, que los tiempos de la Justicia condicionen el resultado de cada asunto.
Conocer al cliente y comprender su objetivo
El punto de partida es siempre el mismo: conocer bien al cliente y comprender por completo su situación. No basta con analizar qué ha ocurrido desde un punto de vista estrictamente jurídico. También es necesario saber qué le preocupa, cómo percibe el conflicto y, sobre todo, cuál es el objetivo que realmente pretende alcanzar.
Y, recordemos, la gran mayoría de asuntos tienen un alto componente personal o emocional. Por ello, para diseñar una estrategia adecuada resulta esencial entender no solo la posición jurídica del cliente, sino también su percepción del problema y de la parte contraria. En ocasiones, la solución más satisfactoria no coincide necesariamente con la reclamación económicamente más elevada ni con la alternativa procesal más contundente.
Una vez estudiado el asunto y habiendo identificado distintas vías para llegar a la pretensión principal del cliente, exponemos con claridad todas las ventajas, los riesgos y las consecuencias de cada una de ellas, valorando las posibilidades jurídicas, el coste, el tiempo necesario y la viabilidad práctica de cada opción. A partir de ahí, recomendamos la estrategia que consideramos más adecuada.
La negociación como punto de partida
Así, con nuestra extensa experiencia en los Juzgados y en el tratamiento de asuntos mercantiles, civiles y procesales, nuestra forma de actuación siempre suele comenzar intentando negociar con la parte contraria. No únicamente porque la legislación vigente exija acreditar, en numerosos supuestos, un intento previo de solución extrajudicial, sino porque conocer los intereses, las preocupaciones y los límites de la otra parte puede resultar decisivo para resolver el conflicto.
Negociar, por supuesto, no significa renunciar a la posición del cliente, sino comprender qué aspectos pueden acercar a las partes, cuáles constituyen una línea que ninguno quiere cruzar y qué margen existe para alcanzar un acuerdo satisfactorio.
En determinados asuntos, por ejemplo, puede ser conveniente formular propuestas concretas en las que se expongan con precisión las cantidades reclamables, incluidos los intereses y los costes que podría generar un procedimiento judicial, ofreciendo al mismo tiempo una solución económicamente más favorable si se alcanza un acuerdo dentro de un plazo determinado. Estas propuestas se preparan siempre de forma individualizada y de acuerdo con los intereses y las instrucciones del cliente.
Los conocimientos técnicos jurídicos del despacho, unidos a la amplia experiencia con la que contamos, nos dan un abanico muy extenso de posibilidades con las que valorar distintas alternativas y afrontar cada situación con serenidad, previsión y seguridad.
Cuando la negociación no prospera
Ahora bien, cuando la negociación no prospera o la parte contraria no muestra una verdadera voluntad de alcanzar un acuerdo, acudir a los tribunales deja de ser una posibilidad para convertirse en la herramienta necesaria para defender los intereses del cliente, ámbito en el que nos encontramos realmente cómodos.
Cada conflicto exige una estrategia propia
En Navarro Llima Abogados creemos que cada conflicto exige una estrategia propia. Si se encuentra ante un conflicto y quiere conocer qué opciones tiene, en Navarro Llima Abogados podemos estudiar su caso, explicarle las distintas vías de actuación y diseñar una estrategia adaptada a sus necesidades para conseguir su objetivo.
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